sábado, 7 de noviembre de 2009
De nuevo los esbirros.
Recientemente esta mujer de contextura delgada y expresión frágil, ha sido secuestrada y vejada por los esbirros de la dictadura cubana. Animales adoctrinados que por
conveniencia propia persiguen a sus compatriotas, monstruos cobardes que usan la fuerza que les otorga la institucionalidad para golpear y humillar a una mujer. Lamentablemente al conocer esta noticia, no puedo evitar recordar el ejemplar de Bohemia dedicado al triunfo de la revolución cubana. En aquella publicación aparecían fotos y relatos de todas las atrocidades que cometieron los esbirros de Batista. Después de medio siglo nos asalta el mismo miedo, la sombra de que Cuba se manche nuevamente con la sangre de sus jóvenes causa pavor. También recuerdo a aquella chica chilena que fue quemada intencionalmente también por esbirros. Su rostro desfigurado por las llamas, la indolencia del Papa ante su caso, la hipocresía de la dictadura Castrista al acogerla con el único propósito de utilizarla como parte de su propaganda ideológica.Ahora todos estos fantasmas comienzan a recorrer la isla. Yoani pretendía asistir a una manifestación sobre la no violencia y terminó maltratada. Espero que no sea un vaticinio del horror, confío en que los Castro no sumen a su larga lista de abusos un baño de sangre masivo sobre los cubanos. Para esta mujer y para todos los que en Cuba se oponen frontalmente a la dictadura, mucho respeto y toda la fuerza del mundo. Continúen, tienen el poder de la razón y la justicia, los cuerpos se pueden maltratar, mutilar, incluso matar pero las ideas, las palabras, son inmunes a la violencia. Permanecerán machucando a los dictadores y sus esbirros.
Aquí les dejo la declaración de Yoani Sánchez. Pulsa Play para escucharla.
domingo, 1 de noviembre de 2009
No más odio ni rencor.
En medio siglo de dictatura, los cubanos, nos hemos acostumbrado a escuchar una sola voz que nos condicionó y obligó a creer que existe una forma única de pensamiento. Es por eso que a veces nos cuesta tanto entender las visiones diferentes. Fuimos educados en la cultura del odio y la intolerancia. Espero que este sea un sitio de respeto. Aquellos que no compartan las opiniones que aquí se expresan solo deben abstenerse de verlas. Es la mejor forma de demostrar que se respetan a sí mismos como seres humanos plenos.
Aquí les dejo una canción dedicada sobre todo a esos profesionales e intelectuales que contrabandean sus servicios, jugueteando con la ideología del terror construida por Fidel Castro.
jueves, 29 de octubre de 2009
Otra visión
domingo, 11 de octubre de 2009
Hasta cuándo.
martes, 6 de octubre de 2009
Casa Vacía.
Escrito por Daiquirí en un vuelo a Cuba, 4 de octubre de 2009.
Desde que salí de Cuba en el año 1995, he regresado a la isla en menos de una decena de oportunidades. Casi la mitad de ellas por desgracias familiares. Y aunque nada es comparable al dramático viaje de regreso por la enfermedad o muerte de un familiar querido, en cada ocasión contaba con la tranquilidad que, tras pasar los infortunios y amargos tragos de los trámites de inmigración en Cuba, a la salida me aguardaría el cálido abrazo de un ser querido. Tan solo ello me bastaba para, en cuestión de minutos, encontrar sentido a la odisea.
Pero ahora, ¿qué hago sentada en este avión atestado de turistas extranjeros y cubanos que exhiben orondos pasaportes de las nuevas nacionalidades adquiridas? ¿Qué sentido tiene para mi el retorno si en la isla nadie me espera? He tenido más de nueve horas para repasar cada uno de mis viajes de regreso. Ciertamente cada vez que regresaba eran menos los que me esperaban… además de las pérdidas vitales, en menos de una década mi familia y la gran mayoría de mis amigos se ha dispersado por el mundo, tratando de reconstruir sus vidas en otras geografías. Yo, que ahora podría cerrar el capítulo CUBA, lo reabro esta vez con otros propósitos, tan inciertos como el propio futuro de la isla. Algo de imperativo moral tiene este viaje. Pretendo aportar un pequeño grano de arena que promueva la sociedad civil de mi patria y la emancipación –al menos intelectual- de su gente. Creo que son razones de peso.
Pero estoy incómoda. Vuelvo ahora como extranjera en mi propia patria, a alojarme en los hoteles que antes no me estuvieron permitidos, a apoyar un proyecto local con el impedimento de mi inevitable desvínculo con la cotidianidad cubana, a gozar de pequeños-grandes privilegios que les están vedados al común de los cubanos. Tal vez muchos compatriotas anhelarían este viaje. Sin embargo, heme aquí, deambulando entre mil preguntas y pesares. Por momentos solo deseo poder volver a la casa de mi familia en la Habana Vieja y escuchar las voces y risas de los que ya no están…
Deambularé entonces como un fantasma por las calles de La Habana, sintiéndome tan extraña como en las otras ciudades que me ha tocado vivir o visitar. Trato de encontrar alguna respuesta que me permita comprender o dar sentido a toda esta absurda realidad. Ilusa sería si pretendiera hallarla siquiera en la ciencia. ¡Cuántas páginas gastadas en los estudios migratorios para que ninguno sea capaz de capturar el verdadero drama humano de medio siglo de familias cubanas separadas, de biografías fracturadas! ¿Cómo encontrar sentido a este viaje en el que encuentro mi casa vacía? Nadie me espera, sólo deseo que los recuerdos que estaban parados en cualquier esquina no hayan emigrado también.