domingo, 24 de enero de 2010

Boncó Junior.

Sammy Davis Jr. tuvo un triste pasar por el Rat Pack. En las actuaciones era molestado sistemáticamente con chistes racistas. Era el único negro del grupo y muchas veces fue criticado por prestarse para tales situaciones.

El personaje de Boncó Quiñongo me recuerda algo de esto. Solamente el seudónimo ya tiene una fuerte carga racista. Cuando el personaje apareció en el popular programa Sabadazo, iba vestido como un guapo setentero, estigma que identificaba principalmente a las personas de raza negra. Hablaba incorrectamente y con acento gutural, tratando de imitar la forma de expresarse que se le achacaba a los negros. Cuando se enojaba, amenazaba con “engorilarse”, haciendo alusión al símil que hostilmente se asociaba a la raza negra en Cuba.

El personaje era la representación de todos los estereotipos raciales, satisfaciendo con ello la visión discriminatoria que suele tenerse de los negros. Poco sabe el espectador, sin embargo, que Boncó estudió en la universidad, la misma a la que yo fui en Cuba. Tampoco es conocido que es de hablar pausado y que se viste normalmente. El actor y el personaje son opuestos. Entonces, ¿por qué ser un ícono de la estigmatización de su gente?


En Cuba como en Miami, Boncó se ha movido en un mundo de blancos. Imagino que imponerse no debe haber sido fácil. Puede ser que, al igual que Sammy Davis, esté abriendo el camino para los que vienen atrás pero el precio que está pagando es muy alto. Ya es hora de que para el beneficio artístico y personal, Boncó de espacio a otro personaje. Quizá más digno para el actor y los suyos.

2 comentarios:

  1. EN El CENTRO DE ESTE ARTÍCULO HAY PURO RACISMO POR PARTE DEL AUTOR.

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  2. El tema del racismo en Cuba, ya sea porque se le ha ocultado en estos 50 años, o porque se ha puesto de moda en el último tiempo, es siempre un problema espinoso, difícil de abordar. Pero como está de moda, cualquiera que se atreva a hablar de él puede ser calificado de racista. De eso han acusado a Kovacs en el anterior comentario. Y lo único que ha hecho es mirar el problema desde la experiencia como espectador y como persona, mostrando cómo reproducimos este fenómeno a diario. Una lección: las palabras, aunque no matan, sí sirven para múltiples interpretaciones.

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